martes, 19 de enero de 2021

Cuidar la Salud emocional

 Los efectos en la salud mental de la pandemia 

Una encuesta reciente realizada por UNICEF muestra que la crisis de COVID-19 está teniendo un impacto significativo en la salud mental de adolescentes y jóvenes de América Latina y el Caribe.

Con la investigación de 8.444 adolescentes y jóvenes de entre 13 y 29 años en nueve países y territorios de la región se concluyó que:

El 27% informó haber sentido ansiedad.

El 15% depresión en los últimos siete días.

El 30%, la principal razón que influye en sus emociones actuales es la situación económica.

El 46% informa tener menos motivación para realizar actividades que normalmente disfrutaban. 

El 36% se siente menos motivado para realizar tareas habituales.

El 73% ha sentido la necesidad de pedir ayuda en cuanto a su bienestar físico y mental. 

A pesar de esto, el 40% no pidió ayuda.

La importancia de la salud mental de los adolescentes

Las encuestas sugieren que más jóvenes tienen problemas de salud mental hoy que hace 30 años. Probablemente se deba a los cambios en la forma en que vivimos ahora y cómo eso afecta la experiencia de crecer.

Claro que la pandemia es una situación extraordinaria que está viviendo la humanidad, sin embargo, en situaciones "comunes" igualmente siguen siendo pocos los jóvenes que piden ayuda y pocas las familias que ayudan a sus adolescentes. 

salud-emocional-adolescencia

La fundación Mental Health de Australia dice que es alarmante que el 70% de los niños y jóvenes que experimentan un problema de salud mental no han tenido las intervenciones adecuadas a una edad suficientemente temprana.

Asimismo, dice que el bienestar emocional de los jóvenes es tan importante como su salud física. Porque la buena salud mental les permite desarrollar la capacidad de recuperación para hacer frente a lo que sea que les depare la vida y convertirse en adultos sanos y completos.


¿Cómo ayudar a los jóvenes a tener una salud mental estable

Las cosas que pueden ayudar a los jóvenes a que se mantengan mentalmente bien incluyen:

Gozar de buena salud física, llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio con regularidad.

Ser parte de una familia que se lleva bien la mayor parte del tiempo.

Ir a una escuela que vela por el bienestar de todos sus alumnos.

Participar en actividades locales para jóvenes.

Sentirse amado, confiable, comprendido, valorado y seguro.

Estar interesado en la vida y tener oportunidades para divertirse.

Ser esperanzado y optimista.

Poder aprender y tener oportunidades para triunfar.

Aceptar quiénes son y reconocer en qué son buenos.

Tener un sentido de pertenencia a su familia, escuela y comunidad.

Tener la fuerza para hacer frente cuando algo va mal (resiliencia) y la capacidad para resolver problemas.

La salud emocional es una inversión a largo plazo

Es cierto que nadie nos enseña a ser padres, pero es nuestra responsabilidad informarnos y buscar profesionales que puedan orientarnos tanto a nosotros como a nuestros hijos sobre las emociones.


Todos vivimos con concepciones sobre lo que merecemos o no, lo que es o debería ser la vida, los que es saludable, como debería vivirse el amor o la pareja y son estos pensamientos los que determinan nuestro comportamiento. 

<< Desarrollo de la inteligencia emocional en adolescentes >>

Cuidar en lo que piensa tu hijo, es una inversión a largo plazo que te puede dar la paz de saber que hará las mejores elecciones o al menos, que aprenderá de ellas. 

La falta de conocimiento o conciencia sobre la salud emocional o el estigma que se tiene sobre estos temas, impide a nuestros hijos e incluso a nosotros como padres  buscar ayuda para formar jóvenes emocionalmente sanos. 

Una de las mejores alternativas para mantener en buen estado la salud emocional de tu hijo es brindarle la oportunidad de desarrollar actividades que lo motiven y lo ayuden lograr una mejor integración con su entorno.

Al invertir en la educación de tu hijo, no sólo inviertes en los conocimientos académicos, también inviertes en las amistades que tendrá, en los buenos hábitos que le ayudarán a adquirir y en las relaciones afectuosas que puede entablar con personas que nos preocupamos por que mantenga una vida sana en todo aspecto de su vida.

viernes, 23 de febrero de 2018

Perdonarte y perdonar a otros te sana

Una leyenda árabe cuenta que, “cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda, o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo, podrá borrarlo.”

“La capacidad de perdonar” etimológicamente proviene de la palabra hebrea “rechem” que significa útero, quizás porque los antiguos hebreos querían dar significado así a la posibilidad de una nueva vida. Aquí surge la idea de asociación entre el perdón y la apertura a una nueva vida, a un nuevo comienzo.

En ocasiones cuando nos referimos a la salud, pensamos en nuestro cuerpo, no en la importancia de la salud mental. y es bien sabido que, la manera de pensar influye en nuestra salud física. El perdón es la puerta de entrada a la curación y es una manera poderosa de purificar nuestro propio corazón.

Cuando no perdonamos sentimos un peso interior que perturba nuestra mente, porque recordamos la ofensa muchas veces. Debemos examinar lo que permitimos que entre en nuestra conciencia y diariamente extraer lo que pretende quitarnos nuestro gozo y alegría. Esto resulta como cerrar la puerta de nuestra casa a un intruso. Debemos impedir que nos invadan pensamientos de ira o rencor, pues estos sentimientos no nos proporcionan alivio, sino que tienden a profundizar más las heridas.

¿Cómo lo hacemos? Perdonar a alguien requiere mantener la mente libre de pensamientos negativos y albergar dentro de nosotros pensamientos benignos que nos ayuden a mantener una actitud espiritual dispuesta a que nuestras heridas del pasado sanen definitivamente.

Según Robert Enright, psicólogode la Universidad de Wisconsin-Madison, cuando estamos “consumidos” por el rencor, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco pueden aumentar. En cambio, “cuando perdonamos, puede haber una disminución de la presión sanguínea”. Otros expertos creen que el estrés producido por los rencores acumulados puede disparar o agravar problemas como dolores de cabeza y de espalda, úlceras, arrugas y debilitamiento del sistema inmunológico, con más predisposición a resfríos, gripes y otras infecciones. “No hay dudas de que aferrarse a resentimientos y pensamientos de venganza puede hacernos envejecer”, asegura el doctor Gerald Jampolsky, fundador del Centro de Curación Actitudinal, en California.

Por lo tanto, para revertir ese cuadro, lo mejor es no recordar la ofensa y reconocer que ese hecho no puede tener ninguna influencia sobre nosotros. Cada vez que la persona que nos ofendió venga a nuestro pensamiento, debemos verla desde una perspectiva espiritual, como el reflejo del Amor. O sea, veremos entonces su naturaleza espiritual, y no lo que la llevó a hechos equivocados.

Un paso importante para aprender a perdonar es tener humildad. La falta de perdón se relaciona con orgullo, por eso  la razón para perdonar se debe buscar en nuestra profunda convicción de no pagar mal por mal.

En el libro Escritos Misceláneos, de Mary Baker Eddy, hay un párrafo sobre eso: “¿Quién es tu enemigo a quién debes amar? ¿Es un ser viviente o una cosa fuera de tu propia creación? ¿Puedes ver a un enemigo, a menos que primero le hayas dado forma y luego contemples el objeto de tu propia concepción? ¿Qué es lo que te daña? ¿Puede lo alto, o lo profundo o cualquier otra cosa separarte del Amor que es el bien omnipresente que bendice infinitamente a uno y a todos?”

Perdonarse a sí mismo y a otros, además de ser un acto de humildad, es un ejercicio de bondad y nos permitirá depositar la confianza en el Amor divino para recibir fortaleza. Es una expresión de amor y es la base de toda sanidad en la mente y en el cuerpo.

Me encanta el ejemplo bíblico de Pablo: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…” (Filipenses).

¡Dejemos atrás el peso de los rencores, sigamos adelante, sanemos nuestra mente y corazón para gozar de una vida feliz!